Historias de Verano: El desayuno

06 abril 2009



Deshizo el lazo que alrededor de la tela de cuadros estrangulaba el tarro de mermelada, y el perfume de los arándanos silvestres se quedó a vivir en la estancia. Arrastró el fósforo sobre la lija de la caja de cerillas y mientras contemplaba la leche hervir, se vio retrotraída a la noche anterior: la noche del veinticuatro de junio, la más corta del año, la de las hogueras de San Juan.

El agónico calor de finales de junio, ése que únicamente encuentra en Madrid a estoicos e incautos, la había hecho saltar de la cama, hastiada de buscar en vano algún vestigio de sábana fría.
Tomó del montón de la plancha un vestido color cereza, se calzó sus bailarinas y bajó las escaleras atropelladamente.
No había caminado ni un centenar de pasos cuando a través de los edificios del laberíntico barrio de los Austrias, vislumbró un resplandor que hacía amanecer el cielo. La luz que intermitentemente regateaba espacio a la noche, actuó como un imán acercándola al pie de hogueras descomunales sobre las que gentes procedentes de los más insospechados rincones de la ciudad saltaban, reían, regaban sus cuerpos con agua de las fuentes del parque y a modo de exorcismo o de danza zíngara quemaban complacidamente talismanes inservibles y letanías inteligibles.

Entonces lo vio; en el momento en el que la catarsis parecía concluida y las rezagadas pavesas estaban a punto de extinguirse…un unicornio de piel nacarada y cuerno dorado saltó ágilmente la hoguera para desaparecer por la oquedad de un árbol centenario.
Recordó anteriores noches de San Juan; sentado a su lado en una diminuta sala de cine encontró al travieso duende Puck y su desdentada sonrisa le hizo preguntarse si la ficción no habría abandonado la pantalla para incluirla a ella.
También recordó la noche en la que el hada Mostaza y sus etéreas acompañantes, Flor de guisante, Polilla y Telaraña, le recitaron un romance celta de amores prohibidos, apostadas junto a las azaleas, en el alféizar de su ventana.

Y mientras saboreaba el desayuno, comprendió que todas esas visitas no iban más allá de un mero recordatorio. Que la vida está llena de magia blanca, de bosques encantados, de lunas caprichosas, de metáforas en forma de hoguera que por prisa o desconocimiento obviamos todas las noches del año. Y que ese universo onírico poblado de susurros imperceptibles y elocuentes penumbras se toma la libertad de manifestarse la noche del solsticio de verano y de sorprender a seres que por costumbre los ignoran. Esa noche se difumina el trazo que separa lo que llamamos realidad de lo que se asemeja a un sueño, el sueño de una noche de verano que hace que cualquier historia sea...posible.

4 comentários:

la casita de wendy disse...

Que bonitas las historias de verano!! me encantan;)

Natalia disse...

La historia mas bonita que he leído!

lolaolé disse...
Este comentário foi removido pelo autor.
mother talking disse...

Afortunada,tú,autora que consigues viajar por el mundo onírico de"la noche de verano".
No abandones nunca la fantasia.

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