Historias de Verano: La isla sin noches ni verano

23 março 2009


Once grados de temperatura media en julio son muy pocos grados. Sé que ésta no es la actitud idónea con la que enfrentarse a las ansiadas vacaciones de verano, pero fue lo primero que pensé cuando saqué del impoluto sobre blanco que me entregó Ramón los billetes electrónicos del vuelo que nos llevaría al aeropuerto de Reikiavik un 3 de julio y no nos devolvería a las playas de Fuerteventura hasta doce días después. A continuación, me puse a llorar.

Cuando el termómetro en Madrid marca casi cuarenta grados, hacer una maleta en la que estás obligada a meter jerseys y hay demasiado poco sitio para los bikinis (imprescindibles, sin embargo, en Islandia para bañarse en alguna de las muchísimas piscinas de aguas termales de invaden la isla) es lo más duro que puede pasarte. Más aún si tienes que reprimir tu frustración porque es el primer viaje que tu chico ha preparado minuciosamente y con una ilusión desbordante. ¿Qué le dices? ¿Qué no soportas a Björk? ¿Qué si no existen otras islas en el mundo a parte de Islandia? ¿Qué tal vez la Isla de Pascua, Bora Bora, Capri, Aruba, Santorini. Maui, Bali o Dunk Island hubiesen sido destinos más acertados?

-Será divertido, me dijo. No me quedó otra opción que creerle. Y fue excepcional.

Allí perdimos la noción del tiempo porque en Islandia el día se prolonga más de lo que el cuerpo aguanta y las noches (si es que pueden llamarse así aunque la claridad sea constante, la oscuridad una utopía y nunca salga la luna) no están hechas para los gatos, ni para los búhos, ni para los vampiros. Durante los meses de junio y julio, el sol de medianoche sobrevuela la isla las 24 horas del día y tienes que estar pendiente del reloj si quieres saber qué momento es.

Parecía imposible poder dar rienda suelta al amor sin tinieblas en las que esconderse, pero el frío llamó al calor y nunca he necesitado tanto el que desprendía su cuerpo como aquella pseudonoche iluminada como por miles de pequeñas bombillas de luz blanca, aunque estuviésemos expuestos a todas las miradas. La pasión nos llevó a comportarnos como adolescentes desmedidos y deseosos por descubrir nuevos placeres en una playa desierta a las cuatro de la madrugada. Frente al lago Þingvallavatn, el sol de medianoche nos sorprendió desnudos. Ya ni el frío importaba.

Hay noches que no parecen noches y veranos que no parecen veranos. Pero las cosas no siempre son lo que parecen y, aún así, pueden ser maravillosas.

4 comentários:

Aitana disse...

Que bonita historia si señor.
Y que envidia de viaje ains....

Samantha disse...

Vaya, a mi ya me gustaria conocer Islandia!

Marta disse...

Pero que historia mas bonita! Y el concurso una idea estupenda! Voy a mandarte la mia esa semana que se me acaba el tiempo.

Pepa disse...

Que bonito pasar un dia noche en la playa.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...